4/15/2008

DANDO CANCHA

Una de las cosas que más se protestan a la NBA, es que no den cuartel, no haya oportunidades, a todos aquellos jugadores que podrían demostrar lo que valen...

Calderón se ha destapado al público americano este año, por culpa de una caída de T.J. Ford. Ahora mismo todo parece indicar que la temporada que viene el extremeño, que tiene muchas novias, comenzaría la misma como titular del equipo.
Pau Gasol empezó a jugar de titular en Memphis enseguida, pero porque el titular Stromile Swift se lesionó.
Macijauskas, hasta entonces un tirador letal en Europa con experiencia, fue convocado a jugar 19 partidos de 82 por los Hornets, promediando 7 minutos por encuentro.
La vida es dura, qué remedio. Unos tienen suerte, otros no. Los que realmente valen, esperan a poder demostrarlo. La gente habla de entrenadores-ogro como Nate McMillan; que si no le gusta el estilo de juego del base canario, que si le saca poco…
Afortunadamente las oportunidades se siguen dando, y a veces los jugadores consiguen “quedarse”.

Aunque todo el mundo se esté riendo de ellos (yo no), mencionaba lo estupendo que me parece que Pat Riley saque a jugar a “canteranos”, defenestrados, rookies y de la “de desarrollo”, ahora que su equipo no se juega absolutamente nada. Que es exactamente lo que deberían hacer todos los equipos no clasificados. ¿Qué se juegan los Sonics, el orgullo? Celebraron la victoria contra los Mavs en su despedida de la ciudad de Seattle como si hubiesen ganado algo, cuando en realidad tenían que haberle dicho 80 partidos antes a Kevin Durant que pasar la bola no hace daño. Veía el otro día a Rudy Gay sonriente antes de un partido, ¿de qué coño se ríe? ¿De que su equipo pierda partidos mientras él se asegura de acabar su segundo año anotando 20 puntos por partido? ¿El año que viene “será otro año”…? En resumen, que no, que no se juegan ni siquiera el orgullo, así que, sacando a cuatro jugadores de la D-League en un partido, ¿qué es lo peor que le puede pasar a Pat Riley? ¿que le den el #1 del Draft?

Recientemente, Ramón, o Ramon (si es que ha decido pasar de su tilde original, como muchos nuevos americanos que en vez de llamarse Velázquez se ponen Velasques) Sessions (y su apellido es ese, no es coña), consiguió un record para Milwaukee: el base rookie asistió 24 veces a sus compañeros (la mejor marca de Jason Kidd es de 25, la de Nash 22, la de Stockton 28, y ninguno hizo tal cosa en su primer año). El novato, solo convocado en 16 ocasiones esta temporada, acabará promediando 7 puntos y 7 asistencias. El resto del año, Sessions se ha mantenido en activo en la D-League.

La gente también se mofa de la Liga de Desarrollo, la NBDL; ese experimento de la NBA que cada año va a mejor, afortunadamente, y que sirve a jugadores para desarrollarse, para mantenerse a tono, ganarse un sueldo y no tener que exiliarse de la liga (para emigrar a Europa, que luego como no seas Anthony Parker lo tienes difícil para regresar), además de llevar baloncesto de nivel, sí de nivel, a otras ciudades que son demasiado pequeñas para albergar equipos profesionales (la fronteriza Hidalgo en Texas solo tiene 7000 habitantes, lo que hace que presumiblemente el equipo esté afincado para disfrute de los mexicanos).
Es evidente que el nivel de la D-League no es comparable a las eliminatorias de la Euroliga, la ACB y la NBA, pero solo es cuestión de tiempo sus progresos, teniendo en cuenta que cada vez hay más equipos, y más jugadores, con ganas de destacar.
Dhantay Jones por ejemplo, que disponía de algunos minutos en los Grizzlies hasta hace poco, ha jugado diez partidos esta temporada en la D-League promediando 24 puntos por partido. Lo hace para mantenerse caliente y demostrar que puede ser un jugador con su pequeño rol en la NBA. Kasib Powell podrá hacerse un hueco en la NBA después de haber promediado 22 puntos y 6 rebotes por partido, con un 51% de aciertos, en los Sioux Falls Skyforce, siendo el MVP de esta competición.

Lo bueno que tiene la D-League es que hace que los jugadores jueguen. Si destacan, los equipos NBA les buscarán para completar sus plantillas. Con los contratos de 10 días, estos jugadores salen sin problemas de sus equipos D-League, donde se mantienen, compiten, y pasan a jugar con la elite. El equipo NBA no adquiere ningún compromiso con él, pudiendo en una misma temporada fichar a varios jugadores de la D-League, el término americano es la Call-Up (ver en
www.nbdl.com la galería de los que han jugado este año en la NBA).

Durante estos años, se ha hablado en ocasiones de jugadores trotamundos como Sam Cassell, Jimmy Jackson, ese otro que no me acuerdo… pero, ¿SABEÍS EN CUANTOS EQUIPOS NBA HA JUGADO EL ALERO DE 2º AÑO BOBBY JONES? Su temporada rookie fue en Philadelphia, jugando 24 partidos. ¡¡¡Este año lleva 5 equipos NBA!!!, habiendo jugado en todos ellos. 9 partidos en Memphis, 4 en Houston, 6 en Miami, 3 en San Antonio y 24 en Denver. La experiencia de este jugador de 23 años (jugó 4 años en la Universidad) es única. A mí su temporada me parece formidable. Sin embargo he descubierto hoy que existía.
Afortunadamente siempre tuvo el colchón de la D-League, aunque apenas haya jugado para ellos en Sioux Falls y Fort Worth.

Si sigue al paso que va, y acaban siendo 30 equipos (a día de hoy son 15), dudo mucho que siga dejando pasar por altos los partidos de esta liga, para ver a alguna que otra promesa y sorpresa de la NBA.


4/01/2008

ESTRELLA EN LA UNIVERSIDAD, ESTRELLA EN... ¿LA NBA?


Ahora que se va a celebrar esa FinalFour que por desgracia no puedo ver, surgen los nombres de jugadores que te gustaría ver destacando en la NBA, pero que los más agoreros pronosticadores del Draft no dan un duro por ellos. Ellos son las estrellas de sus elitistas Campus, son los más deseados para follar por las blancas universitarias, y viven en su particular nube de éxitos. No les restemos méritos: tienen fuerza, coraje, se dejan la piel en la pista y buena dosis de talento. PERO... como más de uno piensa, cuando lleguen a la NBA se comerán los mocos frente a jugadores que simplemente les superan en físico. Porque medir 2'06 en la NCAA está muy bien, pero en la NBA no. Hay promesas que pinchan, tanto los jugadores que esperan formar en estrellas (Kwame Brown, Andrea Bargnani) como las estrellas que son uno más en la liga (Shane Battier).

El año pasado el número 3 del draft era un jugador diabético que había llamado la atención de todo el mundo en Gonzaga, tanto por su juego que recordaba un poco a Larry Bird, como por sus pintas. Pero Adam Morrison llegó a Charlotte y al final de la temporada el rocoso Walter Hermann le quitaba el puesto. Y esta temporada se la ha perdido entera por lesión.
J.J. Redick, después de pasar 4 años enteros (algo que hoy día solo hace el jugador que quiere acabar una carrera, o alargar su estrellato universitario), en los que se ha convertido en uno de los jugadores más importantes de la historia de Duke, que tiene una incuestionable habilidad para anotar como tirador, se come los mocos en la NBA. Con dos entrenadores diferentes en los Magic, que lo seleccionaron #11, Redick, estando sano todo el curso, ha jugado solo en 30 partidos, promediando 7 minutos.
Es muy cierto que hay entrenadores que no dan oportunidades; Macijauskas pasó un año infernal en los Oklahoma Hornets y Jasikevicius no ha jugado minutos en dos equipos que no le querían. Lo bueno que tiene Sergio Rodríguez, es la cantidad de años y ganas que tiene por delante.

En la FinalFour salen las caras de dos líderes ala-pivots de sus equipos: Kevin Love de UCLA y Tyler Hansbrough de la famosa North Carolina. Viéndoles jugar sus cuerpos parecen anchos y fuertes, ¿en la NBA? Ya lo veremos. Hansbrough, que tiene fama de aguerrido (ver videos suyos en Youtube), no cuenta para nada en las predicciones del draft. En las más optimistas, está onceavo, en la de NBAdraft.net, #22 en el draft 2009 de Ricky Rubio.
Kevin Love está mejor posicionado. Competidor fiero, habilidoso cerca del aro, atlético, cuerpo fuerte, muy inteligente y con potencial de estrella para la NBA. Pero... ya se verá...

Y es que hay jugadores que pueden y no pueden. O sencillamente que lo van a tener muy jodido. En mi primer artículo comparaba a un jugador esforzado y capitán de Notre Dame en su equipo universitario. Mide 1'88 y pesa 80 kilos. Ahora que Miami se cae en un pozo sin fondo, Pat Riley le deja jugar, y ahora promedia 6.6 puntos por partido. Shaquille O'Neal, uno de los más famosos bocazas de la NBA, ya en Phoenix: "Me siento rodeado de profesionales que saben lo que hacen. Nadie me ha pedido que juegue al lado de Chris Quinn y Ricky Davis. Las defensas les flotaban". En parte, a Shaq no le faltaba razón. Hay jugadores a los que siemplemente, les va a costar. Como último apunte, aprovecho para mofarme del siempre ordinario Diario Marca, que no es lo famoso que debiera ser por la cantidad de noticias tergiversadas o directamente faltas (PAU YA ES DE LOS BULLS) que emite: el necio redactor NBA de su edición web, que por cierto nunca se acredita, aprovechaba para añadir en paréntesis, erróneamente, que la declaración de Shaq se debe a que tanto Davis como Quinn tienen "fama de chupones". Me temo que Quinn no tiene fama de ninguna clase, salvo la que ha dado Shaq. Si veis el resume de Indiana-Miami, donde metió 15 puntos, veréis a qué se refería Shaq.

Komo siempre, hos dejo acer buestros pronostíkos.