2/24/2008

CONDUCTAS

Gerald Green en 2007 posaba orgulloso y prepotente con su título de campeón del concurso de mates del All-Star de las Vegas. Ese mismo año, Green conseguía un papel de mayor relevancia en su equipo, los mediocres y lesionados Boston Celtics. En verano, le traspasaban en un saco con un equipo entero por Kevin Garnett. Este año, donde ha vuelto a tener un papel discreto en la rotación como en su temporada inicial, el jugador con otra camiseta se veía eclipsado en la fiesta por el espectacular Dwight Howard, cuyo mate de Superman ni siquiera había sido un mate. Atento a las reacciones de cada uno, un conocido mío comentaba “¿has visto la cara de ese negro (Green)? La cara de flipao de ‘me han robado’, ‘tengo que ganar’, ‘qué injusticia’ ‘por qué le aplauden’… Qué asco me da”. Independientemente de que usase la palabra ‘negro’ con sentido peyorativo, en ese comentario no había racismo, ni razón le faltaba: en una fiesta para el baloncesto, ni siquiera se pueden contener los egos de chavales que no han recibido educación prácticamente. Qué soberbia la mía, interpretar un gesto de malestar como falta de educación, ¿verdad? pero aunque me equivocara, serviría para hablar sobre algo latente y candente en esta NBA: la falta de madurez, que al final juega en contra de un deporte.

Hace unos años era el portentoso Iguodala, buen jugador que no ha conseguido alcanzar el estatus de estrella que tanto persigue, quien se mostraba iracundo porque Nate Robinson (otro de carácter macarril), justamente, le hubiese ganado en el concurso de mates. En una liga donde promediar 20 puntos puede convertirte en All-Star, aunque tu equipo sea una guasa, es el incentivo para muchos jugadores que solo piensan en el YO. Rudy Gay, que disimula su desastroso porcentaje de tiro con unos mates y entradas que su cuerpo no le permite fallar, lo tenía muy claro desde principio de la temporada: “yo tengo que ser All-Star”. Aunque para ello hayan 6 o 7 jugadores de los Grizzlies (que tiene dos triplistas letales) que asistan más que él, que permanece en cancha más tiempo que nadie. Kevin Durant… ya es la exageración.

El paso de los jugadores NBA por la universidad prácticamente es un proceso de formación de jugador de baloncesto, y en muy pocos casos, de estudiante. Son celebridades que viven en lujosos apartamentos de Campus, que no tienen por qué asistir a clases ni sacarse títulos, pues la inmensa mayoría no dura ni dos años allí. Sin embargo, la cosa no solo ha llegado al extremo de omitir ese paso, saltando directamente del instituto (lo cual es más honesto), sino presionando a los jugadores a cursar al menos 1 año de universidad, como para sentar algo la cabeza, y calmar sus ansias de ser el próximo Jordan. Sí, el mejor jugador de todos los tiempos es indirectamente el responsable de que impere en la NBA el deseo de muchos a ser “la estrella”, el que se la juega en el último segundo y gana el partido. No es extraño dicho todo esto, que los novatos tengan que recibir un seminario acerca de cómo comportarse, o seguir ciertos consejos de sentido común una vez lleguen a la mediática liga.

Sin mencionar los casos más graves de delincuencia e incidentes extradeportivos de jugadores conocidos por todos, es imposible tomar en serio los esfuerzos (sinceros y honorables) de David Stern de mejorar la imagen de la NBA con proyectos como NBA Cares. Da risa ver a Allen Iverson asistiendo (obligatoriamente, claro), a jornadas de “leer te ayuda a crecer”, cuando el jugador de los Sixers ha declarado en alguna ocasión (como más de un futbolista brasileño) que si no hubiese jugado en la NBA se habría dedicado a vender droga o robar. ¿Por qué no? O que luego llame incomprendido a la estrella de los Atlanta Falcons Michael Vick, por regentar un “negocio” de peleas de perros. Hace no mucho Antoni Daimiel tocaba en un artículo acerca del racismo en la NBA. Nadie pretende ser racista, pero los prejuicios y las realidades raciales existen, vengan de donde vengan. Existen muchos jugadores negros prepotentes que guardan recelo a jugadores europeos, porque creen que es una campaña de Stern y los dueños de los equipos para contentar a los blancos americanos que siguen la NBA. Y eso que algunos jugadores europeos y equipos europeos (Toronto) les humillan muy a menudo. Del mismo modo que existe en Europa, por mucho que la ACB haya querido ser políticamente correcta sancionando a Comas, el jugador tipo NAF.

Me gustaría comparar a Gerald Green con otro jugador de experiencia similar en la liga, el mucho menos conocido Chris Quinn. Ambos, sureños, no han tenido un papel destacado en la liga pero desde luego sus trayectorias y formas han sido diferentes. La foto del draft de Gerald Green parece sacada de comisaría (oh qué racista), una en la que sale con cara de “si me vuelves a mirar mal te saco una pistola”, con pendientes en ambas orejas (ay que ver cuántos prejuicios tengo). Al llegar a los Celtics, éstos le hicieron jugar en la liga de desarrollo, y en dos equipos, en Alabama y Florida. Antes, ya había tenido que jugar en equipos de instituto diferentes por haber sido expulsado de uno.
Chris Quinn es base en los Miami Heat. No lo ha tenido fácil para destacar en un equipo con Dwayne Wade, Jason Williams, Gary Payton, Smush Parker y el ahora traspasado Marcus Banks. Tras un lustroso paso por la universidad de Notre Dame (capitán del equipo), firmaba un contrato fuera del draft con Miami. En la universidad, al igual que otros jugadores blancos que no han despegado, como JJ Redick o Adam Morrison, era un consistente anotador, aunque en un equipo que no era Duke ni Gonzaga.
Sus promedios NBA, han sido tan discretos o más que los de Green. Sin embargo, el jugador cuenta con la confianza de su entrenador, es un profesional ejemplar y cada vez que juega rinde a buen nivel con su discreto físico. Y ya lleva 3 temporadas en Miami. NBA TV le hacía un reportaje, acerca del modesto modo de vida que llevaba frente al de la inmensa mayoría de sus compañeros de liga, conduciendo un utilitario más bien cutrillo, en vez del típico Range Rover Sport o Hummer.
No es difícil pronosticar que aunque Quinn nunca gane un concurso de mates, o jugadores como Shane Battier no sean All-Star (siempre está cerca de ser alero titular del Oeste, por culpa de mil millones de chinos que votan directamente al quinteto de Yao Ming…), su paso por la NBA será más lustroso y memorable no solo para los aficionados que les apoyan, sino para la gente que ama de verdad el deporte del baloncesto. Solo cuando tienes un equipo donde cada jugador conoce, respeta y asume su rol, se pueden alcanzar finales o ganar campeonatos.

En la NBA hay jugadores cuyos modelos son tipos como Larry Bird, Shane Battier o Tim Duncan. Pero también, otros muchos tienen por objetivo repetir los aspectos más negativos de grandes jugadores como Isaiah Thomas (el genuino base chupón), Michael Jordan o Allen Iverson, consiguiéndose así una carrera de lo más efímera. Afortunadamente se sigue respetando al que gana, pero es posible incluso que llegue el día (si no sucede ya) en que algunos jugadores le pierdan la consideración a tipos como Robert Horry, Derek Fisher e incluso el popular Rasheed Wallace.

Mezclando muchos temas se puede acabar destacando uno solo: la falta de madurez de unos atletas con mucho talento, que probablemente les impide progresar como tales, y transmitir un encanto que les reconcilie con sus aficionados.

Y para cuando termino de revisar el artículo, descubro que Gerald Green ha vuelto a ser traspasado.